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martes, 18 de abril de 2017

Fernando Alonso, de Campeón a Leyenda

Fernando Alonso y McLaren han anunciado que el piloto asturiano renunciará a disputar el Gran Premio de Mónaco para, en su lugar, participar en las 500 millas de Indianápolis. Esta icónica prueba cumple su edición 101, aunque en realidad las 500 millas se convertirán en centenarias este año, dado que en el quinto, en 1916, se definió la distancia a 300 millas con el fin de reservar fondos para la Guerra Mundial en que estaban inmersos los Estados Unidos.

Se trata de una competición increíble, marcada por la leyenda, las desgracias, los triunfos y la diferenciación que lo convierte en un evento único. Desde este punto de vista, es interesante repasar sus datos para presentar el panorama ante el que se encontrará Alonso si logra clasificarse. Para empezar, es una prueba en el calendario del campeonato de la Indycar pero que tiene sus propios sistemas de clasificación y puntuación, así como de número de participantes (33 en la parrilla) desde hace muchos años. Por ejemplo, el español por ahora tiene plaza en la clasificación pero si no logra marcar uno de los mejores 33 tiempos no disputará la carrera. Para hacerlo deberá iniciar sus intentos una semana antes de la fecha de la prueba.

En el mejor de los casos, con el piloto de McLaren entre los elegidos, acostumbrado a ver grandes premios sin apenas cambios de líder, se encontrará con muchas novedades, no solo en cuanto a monoplaza y circuito oval, sino también en cómo se desarrolla la prueba respecto a la actual Fórmula 1. Todos los bólidos llevan el mismo chasis Dallara y neumáticos Firestone, y pueden elegir entre motor Chevrolet u Honda.

El año pasado se produjeron 54 cambios en la primera posición entre 13 pilotos diferentes, lo que supone una media de una variación cada menos de 4 vueltas. Aun siendo una cifra llamativa, en realidad fue la segunda edición con más cambios, superada por la competición de 2013, cuando 14 pilotos intercambiaron el primer puesto en 68 ocasiones en los 200 giros.

Es posible que se encuentre con otra diferencia notable: la presencia de mujeres en la parrilla. De las 100 ediciones, 26 han contado con participación femenina, llegando a reunirse hasta 4 en los años 2010, 2011 y 2013. Por otra parte, aun siendo bicampeón mundial de Fórmula 1, Alonso será novato, colectivo con el que siempre han contado las 500 millas: desde 40, todos los participantes, de su estreno hasta el único rookie en 1939 y 1979. Nueve han sido los novatos que han vencido en su debut y tres de ellos habían pasado por la Fórmula 1: Graham Hill, Juan Pablo Montoya y Alexander Rossi, el último vencedor en Indianápolis.

Será Alonso el cuarto español que participe en esta competición, que ha tenido representación de este país en 11 ocasiones. Antes que el asturiano, Pierre de Vizcaya, Fermín Vélez y Oriol Serviá ejercieron de pioneros. Si este último y Alonso se clasifican para la carrera, será la primera vez que la parrilla tenga dos españoles entre los 33 pilotos.

La victoria de un no estadounidense no ha sido extraordinaria pese a que los locales han sido los dominadores. Con la controversia acerca de las nacionalidades de algunos participantes en los primeros años, se puede aventurar que son al menos 17 extranjeros quienes lo consiguieron, algunos en más de una ocasión: el holandés Luyendyk, el brasileño Castroneves y el británico Franchitti han alcanzado tres triunfos en las 500 millas.

Respecto a su dorsal, el 14, si lo mantiene en esta prueba, ha protagonizado 6 victorias y 3 poles. El último piloto que venció con este número fue el sueco Kenny Brack en 1999, mientras que el último poleman en lucirlo fue la leyenda estadounidense A.J. Foyt en 1975.

Dos cosas son consustanciales a las 500 millas: los abandonos y la velocidad. En el primer apartado, las ediciones con menos pilotos retirados fueron las de 1924 y 1976 con 6, en tanto que 26, casi el 80% de los participantes, abandonaron en los años 1932 (en que corrieron 40) y 1966 (ya con 33 pilotos). No es inusual comprobar que, entre doblados y abandonos, el vencedor sea el único que finaliza en su vuelta.

Como en todas las carreras de la Indycar, la bandera amarilla significa que los coches ruedan a menor velocidad y se neutralizan las vueltas: el año con menos giros bajo control fue 1969, con 9 en 2 banderas, y el que más fue 1992 con 84 vueltas resultantes de 13 banderas amarillas.

Acerca de la rapidez de la prueba, estos datos son reveladores: la carrera más veloz fue la del brasileño Tony Kanaan en 2013, con una media de 301,644 km/h. La pole más rápida data de 1996, cuando Tony Stewart marcó una velocidad de 376,132 km/h en la vuelta. Por último, el giro más rápido en carrera lo protagonizó Eddie Cheever también en 1996, cuando fijó el registró en 379,970 km/h.

Sin duda, Fernando Alonso disfrutará de un mundo diferente al que conoce dentro del motor. Su calidad como piloto le ha situado en lo más alto de la Fórmula 1 al convertirle en bicampeón mundial. El tránsito a la leyenda tiene un paso obligado en Le Mans y otro en Indianápolis. A este dedica un sacrificio que solo los amantes de las cuatro ruedas comprenderán plenamente: ser infiel a Mónaco con las 500 millas.


domingo, 22 de noviembre de 2015

Flojos frente al dopaje

El dopaje ha provocado una enorme convulsión en el atletismo en las últimas semanas. Los cimientos de este deporte se han corroído a causa de la publicación de un informe que desvela tramas entre la federación rusa y la internacional para la ocultación de muchos análisis y la existencia de una red prácticamente institucionalizada de dopaje. Por otro lado, el Tribunal de Arbitraje sentenciaba a la española Marta Domínguez por irregularidades en su pasaporte biológico.

La vergonzante actitud de España ante el dopaje no es nueva y menos aún que los organismos internacionales sean quienes actúen contra los tramposos de este país frente a la inacción de los domésticos. Políticos y ex compañeros de los implicados suelen defenderlos creando una nueva noción de la presunción de inocencia o, en el mejor de los casos, escurren el bulto cuando son preguntados por un tema al que siempre hay que referirse sin terciopelo. España, aún hoy, sigue advertida por su flojera estructural frente al dopaje.

Por otro lado está un dopaje menos lesivo para la salud del deportista, pero igual de oxidante para la competición: el financiero. También se investiga a España por los contratos que organismos públicos firmaron en su día con algunos clubes, en especial de fútbol, a los que patrocinaron con dinero público. La excusa de la promoción de territorios ha servido para granjearse favores mutuos y desequilibrar de manera artificial y a cargo del contribuyente campeonatos de diversas especialidades.

La lentitud de los procesos sonrojaría incluso a los más adeptos al sistema. La imagen del deporte español, a meses de los Juegos Olímpicos, merece una obra de reforma. Se han dado pasos en la buena dirección pero no son suficientes. La transmisión de valores se mantiene mientras llegan los títulos y las fotografías rimbombantes con las personalidades del momento pero, descubiertas las trampas, se gira la cara a la realidad. Son malos ejemplos, pero ejemplos al fin y al cabo. Lo inteligente sería recopilar todas las fullerías y emplearlas en la formación del deporte base, pero también del profesional para dotar de elementos sólidos a deportistas y dirigentes que les muestren que hay un camino decente más allá de la inyección y la subvención.